Una Constitución para todos y no sólo para los “dueños del Perú”

La propuesta de aprobar una nueva Constitución que reemplace a la de 1993 va cobrando fuerza y es oportuno analizar su viabilidad jurídica y política. La propuesta de aprobar una nueva Constitución que reemplace a la de 1993 va cobrando fuerza y es oportuno analizar su viabilidad jurídica y política.

El cambio de nuestra Constitución es urgente, impostergable y necesario para que nuestro país, pueda superar los terribles problemas de la pandemia, los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania, como también, la situación económica del Perú, que está afectando terriblemente, al sector más vulnerables y por no decir con la verdad en el corazón, a los más pobres del país.

La Constitución del año 1993, está hecha para los ricos de nuestra patria, a medidaUna Constitución para todos y no solo para los "dueños del Perú" de sus intereses tanto económicos como políticos, es decir, para aquellos que nunca trabajan, pero sí imponen sus costumbres, creencias, forma de vida, filosofía, religión, lengua, visión del mundo, etc. Este fenómeno, desordenó la e s e n c i a s o c i a l , cu l t u r a l , económica y político del país, hasta para muchos políticos y congresistas, de la llamada derecha, llegan a considerarlos como seres inferiores a los pobres, la trata de necios, ignorantes, cholos, indios, serranos, analfabetos, en suma “bestias”, La actual Constitución Política del Perú, debe establecer que, toda persona tiene derecho a g o z a r d e u n a m b i e n t e equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida. Reconocer la libertad de información, así como el derecho a participar, en forma individual o asociada, en la vida política, económica, social y cultural de la Nación, y esto, no 10 INFORME sucede en nuestro medio, sólo a los “Dueños del Perú.” Como bien dijera Carlos Malpartida Santisteban. En esta hora, la iniciativa de r e forma c o n s t i t u c i o n a l , corresponde al Presidente de la República, con aprobación del Consejo de Ministros; a los congresistas; y a un número de ciudadanos equivalente al cero punto tres por ciento (0.3%) de la población electoral, con firmas comprobadas por la autoridad electoral. Los derechos civiles y políticos, la Constitución limita el poder, señalando qué es lo que puede y no puede hacer el gobierno. Por ejemplo, el derecho c o n s t i t u c i o n a l p u e d e establecer que una persona no p u e d e s e r t o r t u r a d a n i encarcelada sin un motivo legítimo y que la libertad de expresión es inviolable. H a n p a s a d o m á s d e v e i n t i n u e v e a ñ o s y l a Constitución peruana de 1993 sigue vigente. Es difícil determinar una sola respuesta que explique su permanencia. Por un lado, la clase política no ha podido alcanzar un consenso para el cambio: debaten, y debaten; reforma t o t a l , Asamblea Constituyente, referéndum, sólo han sido palabras y buenos deseos De otro lado, la ciudadanía no ha interiorizado la relevancia de un cambio constitucional. El “sentimiento constitucional” se ha convertido en una aspiración académica. Luego de más de veintinueve años y de varios gobiernos d i s t i n t o s , e s l e g í t i m o preguntarnos ¿cuánto ha aportado la Constitución a la institucionalidad democrática y cuál será el camino a seguir? ¿Ha dado inicio a un nuevo periodo en nuestra historia constitucional? La Carta de 1993, llamada la de Fujimori, surgió como un instrumento jurídico y político destinado a legitimar el golpe de Estado del 5 de abril de 1992 y para plasmar reglas no previstas por la Constitución de 1979. Ella trató de consolidar al gobierno no democrático y autoritario del ingeniero Alberto Fujimori. Una Constitución a la medida. La propuesta de aprobar una n u e v a Co n s t i t u c i ó n q u e reemplace a la de 1993 va cobrando fuerza y es oportuno analizar su viabilidad jurídica y política. Para su reforma, la Constitución Política de 1993, dispone en su artículo 206° que “Toda reforma constitucional debe ser aprobada por el Congreso con mayoría absoluta del número legal de sus miembros, y ratificada mediante referéndum”. Asimismo, dispone q u e “ P u e d e omitirse e l referéndum cuando el acuerdo del Congreso, se obtiene en dos legislaturas ordinarias sucesivas con una votación favorable, en cada caso, superior a los dos tercios del número legal de congresistas”. Nuestra Constitución ha previsto la posibilidad de que su reforma sea total o parcial, lo cual implicaría, en el primer supuesto, un reemplazo del texto completo de la Constitución de 1993 con sus modificatorias hasta la fecha. Así lo evidencia la referencia del artículo 32° a la posibilidad de que puedan ser sometidas a referéndum “La reforma total o parcial de la Constitución”. “La Constitución de 1993 ha sido objeto de más de 20 reformas constitucionales, en temas tan disímiles en trascendencia como el capítulo completo de la descentralización y el cambio de d e n o m i n a c i ó n d e l a Superintendencia de Banca, Seguros y Administradoras P r i v a d a s d e F o n d o s d e Pensiones (AFPs). Algunas de ellas, han seguido la vía de la doble votación calificada del Congreso de la República y otras la del referéndum. E n t o n c e s , l a i n i c i a t i v a ciudadana de reemplazar la Constitución de 1993, debe canalizarse por los cauces que ella misma establece. No debemos acudir a la figura de una asamblea constituyente porque nuestra Constitución prevé una vía específica, y usar otro mecanismo no previsto en ella, nos conduce a un espacio fuera del marco constitucional. Además, hay temas muy relevantes, tales como definir cuándo y bajo qué reglas se e l i g e l a A s a m b l e a Constituyente, y por qué mecanismo esta aprobará el nuevo texto constitucional que, claro está, ninguna entidad tiene actualmente competencia para hacerlo. Es conveniente tener presente que la Constitución de 1993, fue elaborada por un Congreso Constituyente Democrático elegido por el pueblo luego del auto golpe de 1992, y la Constitución de 1979 por una Asamblea Constituyente, elegida en el marco de un gobierno militar de facto, al mando del país desde el golpe militar de 1968. Podría retroceder hacia constituciones previas, pero no es necesario para comprender que las asambleas constituyentes se v i n c u l a n a u n q u i e b r e constitucional que, en Perú, actualmente no ha ocurrido. Nuestro país tiene su régimen constitucional plenamente vigente. E n d e fi n i t i v a , e l c a m b i o constitucional requiere de un acuerdo entre todas las fuerzas políticas que tome en cuenta los intereses de la población. Sólo así existirá un verdadero “clima constituyente” y encontraremos una salida constitucional duradera y legítima. Asimismo, no debe pensarse que una Constitución resolverá por sí misma los problemas que afronta el país. La reforma constitucional es muy importante pero no es suficiente. Se requiere, además, un cambio en nuestra clase política que le dé la cuota de legitimidad requerida para liderar un cambio y fortalecer nuestra institucionalidad democrática que todavía se encuentra debilitada.

 

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